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La alcaldesa destaca la calidad y singularidad de la muestra “Una rosa amarilla”, que recoge reflexiones de seis mujeres artistas en torno a los valores estéticos y conceptuales del dibujo

23
Feb
2017
La alcaldesa junto a Pilar Montes y las autoras de la muestra

Esta exposición “en femenino” -en Amós Salvador hasta el 30 de abril- se compone de más de 100 obras de las riojanas Rosa Castellot, Natividad Bermejo, Teresa Rodríguez, Antonia Santolaya, Blanca Navas y Marta Beceiro

“El título está extraído de un cuento de Borges. En él nos cuenta cómo la obra de arte es un mundo en sí mismo y solo se representa a sí misma. Es una cosa agregada al mundo y no un reflejo de él, según nos dice Borges que se le reveló al poeta Giambattista Marino en su lecho de muerte al ver cómo una mujer ponía en una copa una rosa amarilla”.

Éste es el origen de la denominación de esta exposición que ha presentado esta mañana la alcaldesa de Logroño, Cuca Gamarra, y que hasta el 30 de abril reúne en la Sala Amós Salvador más de cien obras de seis de las principales mujeres artistas de nuestra región.

“Son riojanas de nacimiento o de corazón, han nacido aquí o desarrollado su carrera pegadas a nuestra tierra; en muchas ocasiones nos han hecho disfrutar con su trabajo pero hoy ese disfrute se multiplica al ser un recopilatorio de todas ellas, una reflexión en femenino en torno a un mismo tema: los valores estéticos y conceptuales del dibujo. Sin duda es una exposición de gran calidad y singularidad”, ha desatacado la alcaldesa.

Esas seis mujeres que han mirado a esta técnica, a través de distintas formas y representaciones, son: Rosa Castellot, Natividad Bermejo, Teresa Rodríguez, Antonia Santolaya, Blanca Navas y Marta Beceiro. Seis mujeres comisariadas por otra mujer: Susana Baldor, en una muestra con obras tan diversas como vídeo-creaciones, fotografías, performances y esculturas.

Como ha señalado la alcaldesa, en el mismo sentido apuntado por la comisaria de la exposición, “se ha excluido deliberadamente a los hombres como una reivindicación de la mujer en el mundo del arte, en el que también se ha encontrado con mayores dificultades, con menos oportunidades que sus compañeros. Aunque en esta sala se han hecho muchas exposiciones de mujeres artistas, a lo largo de sus veintinueve años de actividad continuada, seguimos pensando que es necesario incidir en ello para sacar a la luz su talento, su creatividad, su especial sensibilidad y compensar la disparidad con la que tradicionalmente se les ha venido juzgando. De todos modos debo dejar claro, aunque a la vista está, que las artistas presentes no han sido elegidas exclusivamente por su condición de mujer”.

Susana Baldor concreta el interés que despierta el trabajo de las artistas seleccionadas. Sus obras “responden a una voluntad de crear mundos propios con los que las artistas trabajan desde sí mismas y no a través de la mirada del otro; hecho que responde a la gran reivindicación histórica de las mujeres: no tener que enfrentarse al mundo a través de unos modelos establecidos por otros; en particular, los modelos masculinos perpetuados tanto conceptualmente como técnicamente a lo largo de la historia. Es esta relación, que apreciamos en todos los trabajos de las artistas que presentamos, la que nos invita a proyectar en ellos una conexión con los valores estéticos y conceptuales del dibujo”.

ROSA CASTELLOT

El primer paso del método empírico, requisito fundamental de la investigación científica, consiste en realizar observaciones de la naturaleza y esta es la principal característica en la obra de Rosa Castellot (Madrid, 1942). En sus paisajes, que exponemos aquí, percibimos la atención y el detenimiento con que la artista estudia la naturaleza que le rodea. Intuimos que su interés radica en llegar a comprender esa naturaleza que cada día pasea. El origen de sus obras procede de lugares geográficos perfectamente localizados sobre los que aporta su propia mirada. Apunta Francisco Jarauta que “la historia del paisaje es un reflejo de los modos de pensar, la sensibilidad de una época y la manera de interpretar la relación del hombre con la naturaleza” , y en los trabajos de Rosa Castellot quedan al descubierto la forma de relacionarse con el entorno que le rodea y de cómo interpreta estéticamente el mundo a partir de la naturaleza más próxima. En su serie de bellísimas imágenes en las que la noche es la protagonista, la oscuridad en la que permanece representado el horizonte no nos remite a la ausencia de luz, ni tampoco al miedo o al peligro tan asociado a este momento del final del día. Son escenas en las que pareciese que la artista, con la inteligencia que aporta fijar la mirada pacientemente en la naturaleza, hubiese encontrado la verdad, permitiéndole aceptar el pasado, el presente y el futuro. Quizá por ello, a pesar de la fuerza del negro apretado y denso con el que dibuja estas obras, nos transmite una profunda y serena tranquilidad.

NATIVIDAD BERMEJO

Ocurre justo lo contrario en el negro que utiliza Natividad Bermejo (Logroño, 1961), tan característico en toda su producción artística. Un negro, me atrevo a llamarlo, nítido, no tanto por ausencia de textura sino porque se impone a la mirada con implacable precisión. Un negro de grafito duro, frío en ocasiones, que parece estar allí por derecho propio: posiblemente esto obedezca a que los motivos nada complacientes que aparecen en sus obras lo requieran. De los motivos acromáticos que se presentan en las obras de esta exposición (una muestra de la serie Big Bang), deducimos una clara voluntad política, como si nuestra artista reaccionase ante la adversidad, en referencia a conocidos acontecimientos bélicos recientes, a través de la creación. Aunque pudiera ser que esta protesta no estuviera causada por los hechos que en las imágenes aparecen con intención simbólica, como nos insinúa Maurice Blanchot: “En la función del duelo, no es el dolor lo que está operando; el dolor está vigilante” .

TERESA RODRÍGUEZ

En la obra de Teresa Rodríguez (Logroño, 1962) la luz lo impregna todo. Y compartimos en este sentido la definición que hace la artista Uta Barth: “Para mí la definición más literal de fotografía es eso, dibujar con líneas de luz” . Pero la desbordante luz en las imágenes de Rodríguez no es suficiente para poder recrearnos en la contemplación de la escena completa, ya que la artista nos oculta intencionadamente el lugar donde han sido tomadas sus instantáneas. Solo conseguimos ver algunos detalles que dibujan formas, sombras y líneas. En ellas desaparece casi por completo cualquier aspecto narrativo que pudiéramos exigirle a la fotografía, dejando a la vista únicamente los colores y las texturas. No hay relato ni acontecimiento.

ANTONIA SANTOLAYA

La narración es el elemento fundamental en la obra de Antonia Santolaya (Ribafrecha, 1966). A pesar de moverse en el mundo de la ilustración, sus trabajos no son una simple traducción visual de las palabras. En las imágenes que presentamos las imágenes tienen un carácter narrativo por sí mismas y en absoluto vienen precedidas por la historia que pudiera haberlas provocado. De hecho, pueden ser mostradas de forma aislada y mantener un valor propio y no sólo como parte de un conjunto, tal y como ocurre con el fragmento que exponemos de Winipegg. En su serie Nada el pensamiento, multitud de personajes aparecen y desaparecen de la escena como queriendo escaparse del plano de la obra, para saltar a la siguiente página. La línea fundamenta toda esta iconografía y el color se manifiesta como parte de ella. Los personajes conviven en un mismo escenario, siendo completamente disímiles entre sí, como cadáveres exquisitos que rivalizaran por su espacio superponiéndose unos a otros. La fragmentación de sus deformados cuerpos resulta en ocasiones cómica y en otras revela un profundo padecimiento, en una atemporalidad que nos hace dudar en calificarlos como infantiles o maliciosos.

BLANCA NAVAS

En el trabajo que presenta Blanca Navas (Pradejón, 1971), la línea también es un elemento fundamental, aunque, en esta ocasión, no se encuentra marcada dentro del papel como en las series de Santolaya, sino fuera; una especie de ausencia presente. En Paseo para ser, la línea se dibuja en el suelo debido al deambular por el espacio de la galería, y el papel se coloca en la cabeza, alterando por completo el orden establecido en el que los trazos se delinean sobre la superficie del papel. La obra de Blanca Navas desordena los factores ordinarios en el modo que hasta el momento venían utilizándose: desconocemos si como acto de rebeldía plástico, o como una búsqueda de nuevas formas de trabajar. Ambas opciones, en cualquier caso, ponen en crisis al dibujo e intuimos que a la propia artista. Las piezas que modela para esta exposición y que usa como elemento de su performance no contienen imagen alguna. El dibujo se produce sin trazo - una vez más ausente -, apareciendo en los espacios que forman las concavidades y los pliegues del papel que ella misma ha modelado. Es la luz la que dibuja en ese blanco inmaculado del papel una línea que no es “inscripción, sino escultura” .

MARTA BECEIRO

Ese blanco del papel al que hacíamos referencia en la obra de Navas desaparece casi por completo en las imágenes de Marta Beceiro (Logroño, 1987). Unas veces porque los materiales que utiliza para trabajar ni siquiera contienen el blanco como base de sus superficies, y otras porque satura dicha superficie a base de líneas y color. En ellas crea una comunidad imaginada en la que los personajes habitualmente se desdoblan sobre sí mismos, en un fondo algo esquizoide con violentos contrastes de color, que nos recuerda a un cierto primitivismo barroco. Sus trabajos parecen realizados por una artista indígena que estuviese dejando constancia de los elementos iconográficos de su propia cultura popular, con elementos de una mitología nacida también de su imaginación: algo así como un realismo mágico Beceiriano. Estas extrañas criaturas monstruosas, de identidades múltiples, conviven en un mundo de normalidad y belleza que no podemos evitar poner en relación con las obras tanto plásticas como literarias de Leonora Carrington y su búsqueda de la identidad propia: “¿El mundo que pinto? No sé si lo invento, yo creo que más bien es ese mundo el que me inventó a mí”.