Rutas Turísticas

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El Cubo del Revellín

C/ Once de Junio nº6,
26001 Logroño
Miércoles: 10 a 13 h.
Jueves y viernes: 10 a 13 h. / 17 a 20 h.
Sábado: 11 a 14 h. / 17 a 20 h.
Domingo: 11 a 14 h.

Visitas guiadas

Reservar en el tf. 941 503 116 , en el siguiente e-mail: cubodelrevellin@logro-o.org o en el propio Cubo

English guide exhibition

Guide de l'exposition en français

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El Cubo del Revellín está ubicado en la esquina noroccidental del recinto fortificado de Logroño, la ciudad que, a comienzos del siglo XVI, constituía la principal plaza fuerte castellana en la frontera con Navarra. Fue construido entre los años 1522 y 1524 bajo la dirección del maestro cantero Lope de Insturizaga y financiado a través de la exención de determinados impuestos por el emperador Carlos V, quien recompensaría de esta manera la resistencia ofrecida por los logroñeses ante el asalto del ejército franconavarro en 1521.

Su tipología es la de un cubo artillero, cuya defensa se articulaba alrededor de una triple plataforma formada por la combinación de un adarve y dos galerías de tiro con troneras, la superior sin techumbre permanente y la inferior bajo bóveda plana, destinadas ambas a hostigar a los asaltantes del foso. Sus instalaciones se complementaban con la adyacente Casa de la Artillería, el edificio donde se almacenaban municiones y pertrechos militares de toda índole.

Con el paso de los siglos, las murallas de Logroño sufrieron un alto grado de degradación, de manera que la actual estructura urbana de la ciudad apenas conserva algunos restos aislados de ella. Sin duda los más representativos e interesantes corresponden con los paramentos de muralla que se alinean frente al curso del Ebro, la imponente presencia de nuestro cubo artillero y la adyacente Puerta del Camino, ornamentada con los escudos del emperador Carlos V y de la ciudad.

La insólita preservación del Cubo y de la Puerta del Camino no sólo es la consecuencia de su solidez constructiva, muy superior a la del resto del antiguo recinto fortificado, sino que está relacionada con los factores que guiaron el desarrollo urbanístico de la ciudad en el siglo XIX. Al permanecer esta zona periférica bajo jurisdicción militar, los principales ejes de expansión urbana sortearon las dotaciones allí ubicadas, que se vieron así libres de la frenética acción constructiva que vivió el Logroño del cambio de siglo.

A pesar de ello, no podemos decir que el Cubo del Revellín permaneciera indemne. Una vez se produjo la demolición del paño amurallado inmediato, en 1884 fue construido un frontón en su lateral oriental, transformado en cine en el año 1940. Aún más, en 1952 fue construido un edificio de viviendas sobre la misma estructura del Cubo. Su fisonomía actual es la consecuencia del proyecto de rehabilitación que fue llevado a cabo por el Ayuntamiento de Logroño en el año 2006.

El Cubo artillero del Revellín

El Cubo del Revellín y su entorno constituyen sin ninguna duda los sectores de mejor conservación de todo lo que fue el recinto amurallado de Logroño en el siglo XVI. Más allá de las casualidades históricas, sin duda es aquí donde se erigieron los elementos defensivos de mayor calidad constructiva. Por su cronología y sus características, el Cubo entra de lleno en lo que los estudiosos han convenido en denominar Fortificación de Transición, es decir, la fase que media entre los modos arquitectónicos medievales y las construcciones a la moderna, adaptadas ya a la entrada en los escenarios de la guerra de asedio de los cañones y armas de creciente potencia de fuego.

La Figura 1 corresponde a una recreación idealizada del Cubo del Revellín. Sus espacios se describen en los siguientes puntos:

Plaza superior de tiro (A). Los cubos artilleros de transición presentan unas plazas de tiro de dimensiones relativamente modestas. En ellas se ubicaban piezas de artillería de pequeño tamaño que procuran defender elementos viarios o de acceso de importancia estratégica: el puente y la puerta en el caso del Revellín. La reconsideración de su función como verdadera plataforma para utilizar armas de gran poder ofensivo y la posibilidad de jugar el artillería como dicen las fuentes documentales, es decir, de mover las piezas para mejorar las posibilidades del tiro artillero, constituyen los elementos que influyen en el radical abandono de las plantas circulares y su sustitución por baluartes de perfiles rectilíneos y tamaños muy superiores a partir de mediados del siglo XVI cuando empiezan a proliferar en las plazas de interés militar de toda Europa (Figura 2).

Elementos de interés en este espacio superior son el adarve (1), que hace accesible la línea superior de tiro, en la que se habilitaban cañoneras (2) que en el mutilado cubo del Revellín o no estaban presentes o no se han conservado. Sí se mantuvieron los restos de dos cañoneras gradeadas o de redientes (3) (Figura 3). Estos puestos de tiro de forma tan peculiar se repiten en las murallas de Fuenterrabía y San Sebastián, fortificaciones que en esta época denotan un diseño más evolucionado, pero que mantienen una estrecha relación con lo construido en Logroño. Configuran, junto con Pamplona, los enclaves fundamentales de la compleja estrategia defensiva de Carlos V en las fronteras septentrionales de la Península Ibérica.

El corredor de acceso (B) configura un largo pasillo que posibilita el camino directo entre el interior de la ciudad y la primera línea de defensa. Su cometido está ligado a la existencia de la contramuralla, un segundo límite defensivo por el interior que determina una franja de separación entre el caserío de la ciudad y el trazado de la muralla.

La casamata o galería inferior de tiro (C) está resuelta en el Revellín mediante una bóveda plana. Tres pequeñas aberturas al interior con un marcado desarrollo abocinado hacia el exterior conformaban unas troneras o arcabuceras que permitían la defensa del foso. Están pensadas para el empleo de piezas de pequeño calibre (4). El denso humo provocado por la combustión de la pólvora se desalojaba a través de sendos orificios en la parte superior de la bóveda que se denominan espiráculos y que en la práctica funcionan como chimeneas (5), de las que hay constancia en muchas construcciones militares de ese momento. Uno de los datos más curiosos en este ámbito de la casamata viene determinado por la presencia de un brocal (6) embocado en una galería en la que se habilitaba una reserva de agua utilizada para la necesaria refrigeración de las armas en combate. Es muy probable que, además de cumplir esta función, en esta zona se abriera una galería de escucha o galería contramina (7), un procedimiento para detectar primero y contrarrestar después las acciones de zapa de los sitiadores. La utilización de la mina explosiva en los asedios, entre finales del siglo XV y principios del siglo XVI, contribuye al rápido desarrollo de estos sistemas (Figura 4).

El foso (D) es el elemento clave de la defensa en los asedios. La toma de la cava suponía en la práctica la caída del enclave a manos de los asaltantes, puesto que desde él resultaba relativamente sencillo provocar el derrumbe de las murallas mediante minado y la entrada de las tropas asaltantes a la plaza sitiada. Sobre la preservación de la cava gravita en gran parte el diseño de las fortificaciones de transición. Son fosos anchos y no demasiado profundos delimitados por la escarpa (8) y la contraescarpa (9), que tratan de mantener a distancia a los sitiadores.