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Criterios para definir la edificabilidad del suelo urbano en el plan general de 1985

                                                 

La excesiva densidad que históricamente sufría la ciudad se quiso combatir con una ordenación para el suelo consolidado que fuera más allá del recorte operado en el Plan del Área Interior. Ante una ciudad con diversas alturas en edificios colindantes, cabía tomar dos posturas: o "igualar por arriba", confirmando las alturas máximas del planeamiento anterior, o "igualar por abajo", dejando fuera de ordenación los edificios recientes y dejando como altura máxima teórica la de los edificios primitivo del ensanche. La primera suponía continuar el proceso de densificación hasta límites intolerables, agravado por un estímulo a la destrucción de los edificios antiguos. La segunda alternativa, una postura utópica, sin resultados prácticos (dejar fuera de ordenación un edificio no equivale a hacerlo desaparecer) y con consecuencias legales de cierto alcance. Se optó por una salida práctica, aunque poco estética: asumir las desigualdades, dejando convivir edificios de diferentes alturas y fondos edificables mediante una ordenación muy ceñida a la realidad.