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Plan general de 1985

                                                         

La sustitución que se había producido en 1976 de la legislación del suelo, la nueva situación económica y los cambios políticos hicieron necesario revisar el planeamiento. El Plan Comarcal era un planteamiento optimista respecto al crecimiento futuro, propio de los años del desarrollismo en el que fue concebido, pero su puesta en práctica coincidió con un periodo largo de recesión, la crisis del petróleo. De tres hipótesis que manejaba el documento, se había superado a duras penas la mínima. El Ayuntamiento por entonces estaba más preocupado por la ausencia de dotaciones o el exceso de densidad que aún se producía con la aplicación del Plan del Área Interior, que por el crecimiento en nuevas áreas; además, necesariamente había que reconsiderar las propuestas de éste, pues para los Planes Generales la nueva ley exigía la ordenación detallada del suelo urbano.

En la ordenación de los barrios nuevos, como el plan San Adrián, se intentó compaginar las ventajas de la ordenación tradicional, basada en elementos como la calle y la plaza, con la tipología de bloque estrecho (doble crujía), que evita la existencia de patios interiores de parcela. Con resultados variados, será el criterio predominante en las sucesivas ordenaciones de zonas nuevas. En cuanto al crecimiento hacia el sur, se clasificaron como suelo urbano estrictamente las fincas que recaían a avenida de Madrid y la parte edificada de Montesoria, protegiendo del desarrollo la margen este y concentrando en la oeste el crecimiento, aunque en baja densidad.

Se aprovechó para descalificar los polígonos industriales de carretera de Laguardia (El Campillo) y de El Cortijo, y para un severo recorte de los terrenos del de San Lázaro, iniciándose ya la idea de un parque en la zona de San Miguel. En cuanto al suelo urbanizable programado, se limitó a dos sectores: Piqueras (industrial) y Sur (residencial) que no se ejecutaron.