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Revisión de programa de 1992

                                                                        

Los primeros años del Plan de 1985 fueron una etapa de reequipamiento y urbanización interior, pero a la crisis económica sucedió un periodo expansivo, en el que subió la demanda de vivienda. Por ello, en la revisión del programa de actuación que la Ley del Suelo exigía, se vio la necesidad de replantearse la orientación de la expansión de la ciudad. Era necesario crecer, y para hacerlo no parecía la extensión prevista hacia el sur ni suficiente ni bien ubicada. Si la ciudad heredada tenía los inconvenientes de alta densidad y falta de dotaciones, esos defectos venían acompañados de una virtud importante: las escasas distancias permitían una gran accesibilidad peatonal, a lo que se sumaba la inexistencia de barrios importantes exteriores, que obligaran a la utilización ineludible del vehículo a partes importantes de la población. Para mantener esta ventaja, el mejor crecimiento no sería privilegiando una dirección, sino recurriendo a un esquema concéntrico, lo que así se hizo.

Con las propuestas del Plan se anunciaba la importancia de una nueva calle en la zona oeste, la de Portillejo, que uniría Circunvalación con la carretera de Laguardia y ligaría entre sí los nuevos sectores de Siete Infantes, Río Bajero y El Cubo. El Estado, por su parte, ante la necesidad de mejorar las condiciones de la carretera de Circunvalación, decidió una profunda mejora de la misma, manteniendo su trazado entre el Arco de Navarrete y La Estrella (con notables mejoras en la separación de tráfico local y de paso), e introduciendo una variante que cruzaría el Iregua y atravesaría el polígono de La Portalada.

La tramitación del Plan General coincidió con un cambio importante en la legislación, que obligó a readaptar sus previsiones al nuevo contexto legal, que extendía los criterios de reparto de aprovechamientos existentes en la ley anterior para el suelo urbanizable al conjunto del suelo urbano.